¿Manipulan los datos del INDEC? La realidad de la pobreza en Argentina
En sus Bases para la Reconstrucción Nacional, Raúl Scalabrini Ortiz afirmaba que los temas de economía son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Siguiendo esa lógica, resulta difícil creer en los datos de pobreza divulgados por el INDEC bajo el gobierno de Javier Milei. La caída de la pobreza anunciada parece desmentida por la realidad, ya que, a pesar de los números oficiales, las familias argentinas enfrentan un ajuste drástico que no refleja la metodología empleada para calcular los índices de pobreza.
El dato que el INDEC presenta sobre la baja de la pobreza es profundamente cuestionado. Para calcularlo, la entidad utiliza una metodología que, aunque actualiza algunos precios, sigue basándose en datos desactualizados, como los del año 2004/2005 sobre el gasto de los hogares en alimentos. Este desajuste es clave, ya que el porcentaje de ingresos que las familias destinan a la compra de comida ha cambiado drásticamente debido a la crisis económica. De hecho, los informes sectoriales confirman una caída considerable en el consumo de alimentos básicos, lo que contrasta con los datos oficiales del INDEC que minimizan este impacto.
La estructura metodológica del INDEC para determinar la pobreza incluye el Coeficiente de Engel, que calcula el porcentaje del gasto de los hogares destinado a alimentos. Sin embargo, al usar datos tan antiguos, el índice de pobreza queda subestimado. En diciembre de 2024, por ejemplo, el INDEC consideró que un adulto con ingresos de $331.600 no era pobre, lo que es claramente incompatible con la realidad, dado el aumento en los precios de los alimentos y el fuerte ajuste en el consumo de los hogares.
El gobierno, a través del INDEC, parece construir un relato favorable que distorsiona la pobreza real que enfrentan millones de argentinos. A pesar de las caídas en el consumo de alimentos y los informes sectoriales que hablan de una fuerte crisis, el gobierno de Milei intenta imponer una visión optimista, pero lo único que consigue es generar desconfianza entre la población, que claramente nota la diferencia entre los números oficiales y la situación cotidiana.


