El Banco Central y la alcancía que sigue vacía
El Banco Central intenta, a contrarreloj, tapar los agujeros de una economía que sigue sin encontrar su equilibrio. Porque detrás de los anuncios técnicos de esta semana… lo que tenemos es un país que sigue rascando el fondo de la alcancía.
El Banco Central — el encargado de cuidar las reservas de dólares de la Argentina — se encontró una vez más con una verdad incómoda: la caja está vacía, o casi vacía.
Y sin dólares suficientes no se pagan importaciones, no se controla el dólar paralelo, ni se sostiene la economía.
Por eso, en las últimas horas se lanzó a una serie de maniobras que conviene entender en su justa dimensión.
Primera jugada: más deuda
La primera decisión fue salir a pedir más plata.
Concretamente: un préstamo de 2.000 millones de dólares a bancos internacionales, dejando bonos argentinos como garantía.
Esto no es plata nueva ni inversión genuina. Es más deuda, con intereses caros, que en unos meses habrá que devolver.
No es un logro, es un salvavidas.
Segunda jugada: ofrecer más bonos en dólares
Además, el Gobierno abrió una nueva ventanilla para colocar bonos en dólares a inversores.
No es otra cosa que emitir deuda en dólares para tapar agujeros en el corto plazo.
Se promete captar hasta 7.000 millones este año, pero a costa de comprometer pagos futuros. ¿Cómo se van a pagar esos bonos en un país que no genera suficientes divisas genuinas?
Tercera jugada: liberar la salida de capitales
También se levantó el famoso “parking”, que obligaba a los inversores extranjeros a quedarse 180 días antes de sacar su plata.
Ahora podrán entrar y salir libremente.
¿El riesgo? Que entren dólares golondrina, solo para aprovechar alguna tasa o arbitraje, y que salgan en masa en cuanto soplen vientos en contra, dejando más volatilidad que estabilidad.
Cuarta jugada: pagar para sacarse de encima obligaciones riesgosas
El Banco Central decidió cancelar los “puts”, que permitían a los bancos obligarlo a comprarles bonos si caían.
¿A qué costo? Pagando ahora para evitar un problema mayor.
Es otra señal de que el sistema estaba mal armado y que ahora se paga caro para desarmar las trampas que se tendieron en el camino.
Quinta jugada: cambiar el foco de la política monetaria
Se anunció que se eliminarán las LEFI y que la política de control pasará a centrarse en los “agregados monetarios”, es decir, en cuánta plata hay en circulación.
Suena bien, pero en la práctica implica renunciar a tener una tasa de referencia clara para los bancos y el mercado, en un contexto donde la inflación sigue lejos de estar controlada.
Sexta jugada: subir encajes para frenar la emisión secundaria
Por último, se elevan los encajes que los bancos deben guardar.
Es una manera indirecta de sacar pesos de la calle, pero también un síntoma de que el Banco Central no tiene herramientas más sofisticadas para manejar la presión inflacionaria sin seguir ajustando al sistema financiero.
¿Qué hay detrás de todo esto?
Lo que hay es esto:
Un Banco Central sin reservas genuinas.
Un Gobierno que necesita desesperadamente dólares, aunque sean prestados.
Una política monetaria a los tumbos, que sigue improvisando sobre la marcha.
Y una economía que sigue sin resolver sus problemas estructurales.


