Trabajo en negro, salarios que no alcanzan y empleos que se evaporan: el doble castigo laboral del NOA
Nacionales

Trabajo en negro, salarios que no alcanzan y empleos que se evaporan: el doble castigo laboral del NOA

Abr 24, 2026

Por: Sebastián Cristofari — CEO de C&A Integral Consulting

Hay números que uno lee y siente que ya los conocía. No porque los haya estudiado, sino porque los vive de cerca trabajando con empresas, emprendedores y equipos en el noroeste argentino. El dato que publicó El Tribuno esta semana —casi el 54% de los trabajadores salteños en situación de informalidad laboral— no me sorprendió. Me confirmó algo que venimos observando desde las consultoras, los estudios contables y las mesas de decisión: el mercado laboral del NOA está bajo una presión que las estadísticas nacionales apenas rozan.

Quiero hablar de eso. No desde la frialdad del informe técnico, sino desde la convicción de alguien que trabaja todos los días con la realidad productiva de esta región.
Salta: cuando se pierde empleo bueno y se gana empleo malo

El «doble deterioro» que describe el titular no es una metáfora. Es una mecánica concreta: durante 2025, Salta perdió aproximadamente 6.000 puestos de trabajo registrados en el sector privado, cerrando el año con unos 122.400 empleos formales y una caída interanual del 4,7%. Al mismo tiempo, la informalidad subió. Es decir: el mercado laboral expulsó trabajadores del empleo con derechos y los reabsorbió —cuando pudo— en la precariedad.

Eso no es recuperación. Eso es empobrecimiento estructural disfrazado de «ocupación».

La tasa de desempleo oficial en el aglomerado Salta fue del 5,9% en el cuarto trimestre de 2025, la más alta del NOA. Pero ese número solo cuenta a quienes buscaron activamente trabajo y no lo encontraron. No cuenta a los 34.000 subempleados que trabajan menos horas de las que necesitan, ni a los más de 52.000 ocupados que buscan otro empleo porque el que tienen no les alcanza. Si sumamos esos grupos, la presión laboral real es mucho más grave que lo que muestra el indicador titular.

Y encima de todo esto, el salario real en Salta todavía se ubica un 7,3% por debajo del poder adquisitivo de diciembre de 2015. Una década de erosión. Crecimientos nominales que siempre llegan tarde y siempre son insuficientes.

Jujuy: el engaño del desempleo bajo

Jujuy muestra otro escenario en los números, pero el problema de fondo es el mismo. En el aglomerado San Salvador de Jujuy–Palpalá, el desempleo cayó al 2,2% en el cierre de 2025. Una cifra que, leída rápido, parece una buena noticia.

No lo es, o al menos no del todo.

Los sectores que más empleo generan en Jujuy —comercio, construcción, trabajo doméstico— son exactamente los sectores con mayor informalidad a nivel nacional: 52,6%, 73,8% y 78% respectivamente, según los últimos datos del INDEC. Dicho de otro modo: Jujuy tiene gente ocupada, pero una parte significativa de esa ocupación no tiene aportes jubilatorios, no tiene obra social, no tiene acceso a crédito formal, no tiene derechos sindicales reales.

El desempleo bajo en Jujuy no es el resultado de un mercado laboral robusto. Es, en muchos casos, el resultado de una economía donde la gente no puede darse el lujo de estar desocupada y acepta cualquier condición de trabajo disponible. Eso no es éxito. Es resiliencia obligada.

El cuadro nacional que explica todo

Para entender el NOA hay que entender Argentina. Al cierre de 2025, la informalidad laboral alcanzó al 43% de los ocupados en los 31 aglomerados urbanos relevados por la EPH. En números absolutos: más de 9 millones de personas trabajando sin los derechos básicos que supone una relación laboral registrada.

Y la tendencia es al alza. Un año antes, la informalidad era del 42%. En un solo año, cientos de miles de personas pasaron del trabajo formal al informal, o ingresaron al mercado directamente por la vía precaria.

Los datos por grupo son los que más me preocupan desde el punto de vista del desarrollo a largo plazo:

Los jóvenes de hasta 29 años tienen una tasa de informalidad del 58,4%. Más de la mitad de los jóvenes que hoy trabajan no están construyendo historial previsional, no tienen cobertura de salud, no tienen acceso a créditos laborales. Estamos hablando de la generación que va a sostener el sistema productivo en las próximas décadas, y la estamos incorporando al mercado laboral en las peores condiciones posibles.

Las mujeres tienen una tasa de informalidad del 44,5% versus 41,8% en hombres. La brecha de género no termina en el salario: también opera en la calidad del empleo.

Lo que no se ve en los titulares

Trabajo con empresas medianas y pequeñas en el NOA, y entiendo las dos caras del problema. Los empleadores —especialmente los más chicos— enfrentan una presión tributaria y de cargas laborales que, en contextos de caída del consumo y tasas de interés elevadas, hace que formalizar a un trabajador sea financieramente inviable para muchos. No lo justifico, lo describo. El costo de la formalidad en Argentina es alto, y lo pagan desproporcionadamente las pymes del interior.

Pero también veo lo que le pasa al trabajador informal: no puede pedir un crédito hipotecario, no puede acceder a obra social sin intermediarios, no puede probar ingresos ante una entidad financiera, no puede jubilarse con dignidad. Es una trampa de la que cuesta enormemente salir porque cada eslabón del sistema formal le exige documentación de formalidad que no tiene.

La informalidad no es solo un indicador estadístico. Es un mecanismo por el cual el Estado termina subsidiando —a través del sistema de salud pública, la asistencia social y las pensiones no contributivas— el costo que debería asumir el mercado laboral. Y ese costo lo pagamos todos.

Qué necesita el NOA

No tengo una solución mágica, y desconfío de quienes la ofrecen. Pero sí tengo algunas convicciones que emergen del trabajo cotidiano en esta región:

La formalización no puede ser solo una exigencia, tiene que venir acompañada de incentivos reales. Reducción de cargas para las pymes del interior, esquemas de formalización progresiva, costos diferenciados por región y tamaño de empresa. Si registrar a un empleado sale lo mismo en el cordón industrial del Gran Buenos Aires que en una pequeña empresa del interior salteño, el sistema está mal calibrado.

El empleo público no puede seguir siendo el ancla del empleo formal en el NOA. Es necesario desarrollar capacidades productivas privadas con valor agregado local. El litio en Jujuy, el turismo en Salta, la agroindustria en el sur de la provincia: hay activos reales que, con políticas de encadenamientos productivos, pueden generar empleo privado de calidad.

La educación y la formación laboral tienen que estar alineadas con el mercado real. Una parte importante de la informalidad responde a brechas de calificación: hay demanda de perfiles técnicos específicos que no se cubre localmente, y hay oferta laboral que no logra insertarse formalmente porque no tiene las habilidades que el mercado pide.

Cuando leo que el 54% de los trabajadores salteños está en negro, no pienso en un número. Pienso en personas concretas que se levantan todos los días a trabajar sin que ese trabajo les garantice dignidad a largo plazo. Pienso en el esfuerzo enorme que hace el NOA para sostener su economía con las reglas del juego que tiene. Y pienso que resolver esto requiere más que ajuste fiscal o crecimiento del PBI: requiere políticas laborales que entiendan la especificidad del interior profundo del país.

Eso, al menos desde esta columna, es lo que vale la pena decir.

Sebastián Cristofari CEO — C&A Integral Consulting www.consultingcya.com.ar

Fuentes: INDEC – EPH 4.º Trimestre 2025; INDEC – Indicadores de Informalidad Laboral Q4 2025; CPCE Jujuy – Informe de Coyuntura Marzo 2026; El Tribuno Salta (24/04/2026); IEF CTAA – Indicadores Sociolaborales NOA 2025; La Nación, Infobae (abril 2026).

Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *