La Fed de Warsh sube las tasas por primera vez, Donald Trump no pudo evitarlo y nadie espera que sea la última
Internacional

La Fed de Warsh sube las tasas por primera vez, Donald Trump no pudo evitarlo y nadie espera que sea la última

Sep 21, 2026

La votación en el Comité de Mercado Abierto fue unánime. La inflación es muy elevada y la Fed se hizo cargo de su responsabilidad. La decisión que viene no está tomada y el jefe de la Reserva Federal ya no anticipa cuáles serán los próximos pasos. Cómo sigue la película.

El halcón salió de la jaula y alzó vuelo. En la tercera reunión que preside en la Fed, y a cuatro meses de su asunción al mando, Kevin Warsh impulsó la primera suba de tasas desde 2023. Un sobrio ajuste de un cuarto de punto llevó la tasa de fed funds al rango 3,75% – 4% (y la del redescuento primario a 4%). Un pequeño paso para la política monetaria, un gran salto para su liderazgo personal. A diferencia de la reunión anterior, no se necesitó una “buena pelea de familia” para ponerse de acuerdo. La votación en el Comité de Mercado Abierto fue unánime. El aumento se resolvió 12 a cero. La moción original de Logan, Kashkari y Hammack, los tres disidentes de julio, fue la bandera que propuso Warsh y se aceptó en paz. Gracias a este trámite sencillo, su conducción certificó la independencia de la Casa Blanca. Como pasó con Jerome Powell en 2018, la historia se repite. Trump los pone, pero el deber se impone.

La inflación es muy elevada. La política monetaria tiene que actuar. No alcanza con que lo hagan los mercados y tensen por su cuenta las condiciones financieras. La Fed se hizo cargo de su responsabilidad. Ya no la delega en los bond vigilantes. Endurece su postura. Con la suba, dijo Warsh, “se removió una dosis de acomodación”. Solo dos optimistas – de 18 altos funcionarios que volcaron su visión en el mapa de puntos – consideran hoy que será suficiente. Otro retoque similar sobrevuela en el papel antes de fin de año. Warsh se reserva su opinión. Lo que importa es que rompió el cascarón.

La prioridad es abatir la inflación. La actividad económica, reza el escueto comunicado oficial, se expande a un ritmo sólido. La incertidumbre es alta, en parte por culpa de la geopolítica, pero el gasto interno denota resiliencia. La Fed confía en la fortaleza del mercado laboral. La creación de empleo se despliega a la par de la oferta de trabajo, y la tasa de desempleo (4,1%) se ubica una décima por debajo de su propia definición de ocupación plena. Si se analizan una por una las opiniones de los 18 funcionarios que contribuyen al mapa de puntos, ninguna revela preocupación por los riesgos de un debilitamiento de la economía real. Es una circunstancia excepcional. El año pasado, sin ir más lejos, el banco central rebajó tres veces las tasas para contener una incipiente anemia laboral. Visto así, el cumplimiento del mandato dual de la institución requiere concentrar todos los esfuerzos en reducir la inflación hasta devolverla a la meta anual de 2%. Esa es la promesa tenaz de Warsh desde su primer día. En el mapa de puntos, la inflación cae fuerte el año próximo: de 3,7% a 2,3%. Sin embargo, la meta precisa de 2% tiene fecha de arribo recién para 2029.

¿Cómo sigue la pelea de la Fed contra la inflación?

¿Cómo sigue la película? No es mucho lo que cabe esperar de un retoque aislado de un cuarto de punto, salvo como señal de largada para guiar expectativas. La historia enseña que la política monetaria es un arma de repetición. Establecido el blanco, debe insistir una y otra vez para dominarlo. En los últimos 30 años (desde 1994 con Alan Greenspan hasta 2023 con Powell), la Fed condujo seis episodios de aumento de tasas. Apenas uno, en 1997, se resolvió con un único disparo (porque la crisis del sudeste asiático obligó a cambiar de prisa el objetivo). Los demás antecedentes precisaron entre 6 y 17 movimientos sucesivos hasta concluir. El promedio se ubica entre 8 y 9. Se trata de un ejercicio crítico de prueba y error. Con frecuencia hubo que suspender las alzas y revertir los últimos ajustes deprisa para contener efectos tóxicos no previstos.

La munición de un cuarto de punto constituye el calibre favorito de la Fed, aunque no es el único. En 2022-2023, Powell corrió detrás de la inflación y debió ejecutar cuatro aumentos consecutivos de tres cuartos de punto para compensar su tardanza. Cuando el tiempo no apremia, o si median acontecimientos especiales, el banco central suele gatillar en una reunión y tomarse la siguiente para evaluar las consecuencias, antes de volver a actuar. En ese sentido, Warsh podría saltear la cita de octubre y dejar una eventual suba para después de las elecciones del 3 de noviembre. No obstante, los futuros en el CME no están convencidos de que sea así. Y repetir otro mandoble en octubre es hoy una moneda al aire.

La decisión que viene no está tomada. Y Warsh ya no anticipa cuáles serán los próximos pasos. El chairman canceló la forward guidance. Sin embargo, todavía el mapa de puntos se publica cada trimestre. Y allí se esboza una hoja de ruta tentativa (aunque sin la opinión de Warsh). Mientras dos funcionarios ya están hechos, doce consideran apropiado aplicar una suba más antes de fin de año. Cuatro se inclinan por dos retoques. Pero de los 18 solo 11 tienen voto para decidir. Y, a menos que se identifiquen expresamente, no se sabe quién es quién. Entiéndase bien, tampoco el destino está escrito en piedra. Si las circunstancias cambian, las recomendaciones pueden cambiar.

Cuál es el activo central en el tablero que mira Kevin Warsh

¿Quién manda acá? Su nombre es Bond. Treasury Bond. “El economista más inteligente del mundo”, según Kevin Warsh (Bessent, que también lo conoce íntimamente, discrepa). A su juicio, el bono del Tesoro a diez años es el activo clave en el tablero de las finanzas. Warsh dice que aprecia “interrogarlo” acerca de los motivos detrás del movimiento de las tasas largas. “Veo tres razones por las que han aumentado los rendimientos de los bonos: la primera es la fortaleza económica; la segunda, la competencia por el capital (el repunte del gasto de capital es real); y la tercera, la geopolítica”, señala Warsh a modo de conclusión.

De los tres, el motivo fundamental es la solidez del andar económico. ¿Y los avatares crecientes del déficit fiscal y la deuda pública? No los menciona. Son dos gestos de buena voluntad, si se quiere, dirigidos a la Administración Trump. Es el éxito de su gestión lo que lidera la suba de tasas. Por eso, desde marzo, se habría elevado la curva. Esto es, reaccionó en alza toda la familia Bond. Y, ahora, con cuidado, sopesando bien las consecuencias y los consejos recibidos, se yergue la Fed de Warsh. “Confío en Kevin”, dijo el presidente que habló con el chairman antes de la reunión. “Tiene un directorio muy hostil”. En 2018 también confiaba en su elegido de entonces, Jay Powell, cuando sancionó las primeras subas de tasas. Está claro, que Trump machacó en contra, pero su criterio fue rechazado. Y la procesión marcha por dentro. En todo caso, la Casa Blanca ya dispone de un chivo expiatorio si la suerte no lo acompaña en las urnas en noviembre (como sugieren las encuestas).

Los de afuera no son de palo. Queda claro que el guión de la película puede mudar de golpe si los hilos de su trama varían sustancialmente. Trump puede apaciguar el conflicto en Medio Oriente. El vértigo de la IA podría enfriarse. Es lo que harían los hiperescaladores si pudieran.

Un acuerdo con Irán, y la reapertura de la navegación fluida en los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb, quitarían la presión que se incuba con un barril de crudo por encima de los 100 dólares (y la feroz escasez de productos refinados). Los popes de la IA quieren desacelerar la carrera de inversiones que los enfrenta entre sí, y que ninguno se atreve a suspender de forma individual. Pero no encuentran la manera. Que la humanidad esté en riesgo no parece argumento convincente. Nadie quiere pisar el freno. Ni Trump ni China ni los mercados que apuestan por el crescendo de la bonanza. Y mientras la IA se desespere por construir infraestructura lo más rápido posible, la economía no se detendrá. La Bolsa lo sabe, por eso soporta el aguacero de septiembre sin hacerse mala sangre. De ahí que descanse a la vera del camino, pero no muy lejos. El S&P 500, a solo 1,9% de los récords. Así, las tasas de interés reales continuarán resoplando, aunque la inflación se distienda y ceda el peligro de que las expectativas descarrilen. Como la política fiscal no se hace cargo y no achica sus dimensiones, la Fed estará forzada a seguir con la escalera de tasas en alza. Más allá, por cierto, del techo en 4,25% que sugiere complaciente el mapa de puntos.

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