Alerta en Vaca Muerta: advierten por un cuello de botella que exige hasta u$s20.000 millones para solucionarlo
Bancos, consultoras y empresas apuntan a la necesidad de invertir en los cimientos que permitirán desarrollar los proyectos en la formación de hidrocarburos no convencionales.
El potencial productivo de Vaca Muerta ya no depende únicamente de lo que ocurre debajo de su superficie. Para sostener el crecimiento de la producción y convertirlo en mayores exportaciones, Argentina necesitará inversiones adicionales de entre u$s15.000 millones y u$s20.000 millones en infraestructura, según una estimación de BBVA Research.
En ese sentido, el diagnóstico del banco es que el principal desafío dejó de ser productivo: el desarrollo de Vaca Muerta requiere nuevos oleoductos, gasoductos, terminales portuarias y proyectos de exportación de energía para evitar que aparezcan cuellos de botella.
El debate cobra relevancia luego de que la Argentina alcanzara en 2025 el mayor nivel de producción petrolera de su historia: 46,4 millones de metros cúbicos, equivalentes a un promedio de 860.000 barriles diarios, con un crecimiento interanual del 13,1%. La expansión continuó durante el primer semestre de 2026, cuando la producción nacional avanzó otro 17,2% interanual.
Federico Kreplak, CEO de Alberta, empresa proveedora de las petroleras que operan en Vaca Muerta, consideró que la cifra calculada por BBVA es «razonable«, aunque advirtió que no representa la totalidad de los recursos que demandará el desarrollo de la formación.
«Ese número se refiere principalmente a infraestructura crítica de midstream hasta 2030: transporte de petróleo y gas, plantas compresoras, instalaciones de procesamiento y terminales portuarias. No representa toda la inversión que necesita Vaca Muerta«, explicó.
Al incorporar la perforación y completación de pozos, las plantas de procesamiento, el suministro eléctrico, los caminos, los proyectos de gas natural licuado (GNL) y el resto de la infraestructura asociada, la cifra se vuelve considerablemente mayor.
«Una proyección sectorial presentada por YPF calcula alrededor de u$s130.000 millones acumulados entre 2025 y 2031, aunque se trata de una estimación de la industria y no de capital ya comprometido», aclaró Kreplak.
El cuello de botella se traslada a la superficie
Aunque el petróleo no convencional explica alrededor del 70% de la producción total de crudo de la Argentina, la expansión productiva aumenta la presión sobre la infraestructura disponible.
«El principal cuello de botella de Vaca Muerta se está trasladando del subsuelo a la superficie. El recurso está probado y la productividad viene creciendo; el desafío ahora es cómo sacar esa producción, procesarla, exportarla y sostener territorialmente semejante nivel de actividad«, sostuvo Kreplak.
Las obras no solo determinarán cuánto pueden producir las compañías, sino también la capacidad del país para transformar los hidrocarburos en exportaciones y divisas.
El sector energético cerró 2025 con un superávit comercial de u$s7.900 millones, mientras que BBVA proyecta que podría ascender a u$s13.600 millones en 2026. Actualmente, el complejo de petróleo y gas explica el 12,5% de las exportaciones argentinas.
«La infraestructura no es un gasto accesorio: es lo que permite transformar el recurso en producción, exportaciones y divisas«, resumió el CEO de Alberta.
RIGI: 43 proyectos y compromisos por más de u$s127.000 millones
Una parte de las inversiones necesarias comenzó a canalizarse a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Según el último relevamiento elaborado por la consultora Paspartú, al 1° de agosto había 20 proyectos aprobados, 23 en trámite y uno rechazado.
Los proyectos que ya obtuvieron la aprobación contemplan una inversión total de u$s46.162 millones. De ese monto, u$s28.321 millones corresponden a la inversión mínima en activos computables, mientras que u$s11.436 millones deberán ejecutarse durante los primeros dos años.
Las iniciativas que todavía están bajo evaluación suman anuncios por otros u$s81.355 millones. Así, el universo de proyectos aprobados y en trámite alcanza una inversión global de u$s127.517 millones.
La mayor parte está concentrada en minería, que representa el 63% de la inversión mínima comprometida por los proyectos aprobados. Petróleo y gas concentra otro 33%; energía, el 2%; siderurgia, el 1%; e infraestructura, el 1%.
Asimismo, Paspartú registra solamente un proyecto aprobado dentro de la categoría infraestructura: la Terminal Multipropósito Timbúes, en Santa Fe, que prevé una inversión de u$s277 millones destinada a actividades logísticas y de transporte fluvial y portuario.

Pero existen otros cuatro proyectos aprobados vinculados directamente con la infraestructura energética, aunque están clasificados dentro del sector petróleo y gas: la planta de licuefacción de gas natural de Southern Energy, el Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS), el Gasoducto San Matías y la ampliación del tramo I del Gasoducto Perito Moreno.
El VMOS, por ejemplo, tiene por objetivo ampliar la capacidad para transportar y almacenar el petróleo producido en Vaca Muerta. La obra contempla un oleoducto hasta Punta Colorada, plantas compresoras, una terminal portuaria y una playa de almacenamiento. Paspartú reporta un avance cercano al 70% y prevé que comience a operar hacia fines de 2026.
El Gasoducto San Matías, en tanto, conectará Tratayén, en Neuquén, con la costa de Río Negro y tendrá capacidad para transportar 27 millones de metros cúbicos diarios destinados a proyectos de GNL. La puesta en funcionamiento está estimada para mayo de 2028.
Juan José Carbajales, titular de la consultora Paspartú, señaló que el cronograma dependerá de las características particulares de cada iniciativa, aunque anticipó que los incentivos incorporados en el régimen deberían acelerar los desembolsos. «Los plazos dependen de cada proyecto, pero el sesgo cortoplacista del RIGI hará que se aceleren«, afirmó.
El régimen exige que una porción importante de la inversión se ejecute durante los dos primeros años y establece penalidades ante el incumplimiento de los compromisos mínimos.
No obstante, Carbajales planteó que persisten dudas sobre las obras que no están orientadas exclusivamente a la exportación y que, por lo tanto, tienen mayores dificultades para financiarse mediante contratos privados de largo plazo.
«Lo que sí va a ser crítico son los gasoductos que no sean netamente de exportación -por ejemplo, TGN Tratayén-La Carlota- y, principalmente, las líneas de alta tensión, cuya solución mediante contratos de obra pública aún no fue ejecutada y sigue siendo una incógnita«, advirtió.

Se necesitan alrededor de u$s 20 mil millones para promover el desarrollo de infraestructura en Vaca Muerta, según BBVA Research.

